EL MANDATO SUTIL

 

“Nuestra generación, la del hombre nuevo, tiene una perentoria misión que cumplir.”
Rafael Squirru

“América es una nueva tentativa del hombre para vencer el silencio mundial, para poblar la tierra inerte de la materia con la viva palabra del espíritu.”
H. A. Murena

”El hombre nuevo será un místico, un poeta, un científico, todos juntos. No mirará vida a través de las podridas y viejas divisiones. Será un místico, porque sentirá la presencia de Dios. Será un poeta, porque celebrará la presencia de Dios. Y será un científico, porque investigará esta presencia a través de la metodología científica. Cuando un hombre es la unión de estos tres, el hombre está completo.”
Osho

Fundar no es apenas darle realidad a algo que antes no existía. Implica también el desafío de habitarlo y fecundarlo. A veces consiste durante mucho tiempo en una idea anidada en el alma de seres dispersos que comparten un sueño pero que no disponen de las herramientas para concretarlo, y asimismo no disciernen claramente el terreno donde emprender la tarea. Pero como bien expresa el Eclesiastés, todo tiene su tiempo y todo lo que se hace debajo del cielo tiene su hora. En lo que se refiere a la Fundación Espiritual de la Argentina, el tiempo es ya mismo.

         Adhiero expresamente a la iniciativa de Ludovica Squirru porque coincide con mi quehacer de décadas en el campo de la poesía y la ecología. Quiero recordar al respecto un párrafo de Filosofía del arte abstracto, de su tío Rafael, publicado en 1961 por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires: “Un hombre integral conoce otras situaciones que no son las de su condición histórica: a través del sueño, del ensueño, de la comunión estética que le colocan en un ritmo atemporal, como el de estar enamorado, que le reintegran a un presente eternizado y que cuanto más despierta su conciencia tanto más le colocan por encima de ese condicionamiento histórico.”

         Cuando se llega a la Hora de la Confluencia, el sentimiento implícito produce una vida completamente nueva, vida del Espíritu, en la cual es creada una nueva facultad, un nuevo poder, una nueva capacidad para ver y para realizar. Como crítico de arte, Rafael Squirru anticipó visionariamente los impulsos que hoy ya no son apenas patrimonio de los artistas (o poetas) dispersos que él ponderaba en sus escritos pioneros, como Xul Solar o Pérez Celis, abarcando la idea de lo esencial del ser humano y la idea de su renovación. Nos decía que en griego este poder renovador se llama "metanoia" (en hebreo "shub") y apunta no a lo que suele entenderse por arrepentimiento sino a un cambio de dirección, la modificación de aspectos que la experiencia y el dolor nos indicaron que eran errados. Esta toma de conciencia o de "nueva conciencia" es la que subyace en todo Renacimiento, ya se entienda como movimiento histórico, ya como fenómeno personal. Y manifestaba luminosamente:

”En las capas más hondas de la conciencia establecemos comunicación con fuerzas que nos trascienden y que no siempre son benéficas. Se trata de nuestro microcosmos, cuya contrapartida está en el macrocosmos. De allí las correspondencias anatómicas, propias del budismo tántrico, y las astrales. En su lenguaje que en el fondo no por mera casualidad intenta un esoterismo parcial, se vuelve Xul campeón del Gran Juego, dueño y señor del lenguaje universal que sólo él puede descifrar y los pocos a quienes él ha iniciado y quieran tomarse el trabajo de seguir sus irónicos laberintos.”

         El Gran Juego ya no es laberíntico y se abre ante nosotros fundacionalmente: lo asumimos, lo practicamos, lo celebramos y lo compartimos. Sabemos que estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, y es en este tiempo que la humanidad debe elegir su futuro. A medida que nuestro planeta se vuelve más y más interdependiente y frágil, el futuro se configura al mismo tiempo como un enorme peligro o como una enorme promesa. Apostamos a esto último, en el contexto inequívocamente americano. En este continente, donde el poeta José Martí proclamó: “El hombre es el Universo Unificado. El Universo es el hombre verificado.”
         Preciso entonces compartir una historia real. Sus raíces se remontan a las tribus iroquesas del norte de nuestro continente, que cuando debían tomar una decisión crucial le pedían a los chamanes que evaluasen su impacto en las siete generaciones siguientes. Verán que tiene sentido prestar atención. Mientras la Fundación Espiritual de la Argentina daba sus primeros pasos entre nosotros, en octubre de 2004, trece abuelas indígenas de todo el globo –Amazonía, Asia, África, México, el Círculo Ártico y varias regiones de Estados Unidos– se reunían en Phoenicia (Nueva York), antiguo ámbito de la visionaria Nación Iroquesa (cuyos acuerdos estructurales fueron tomados como base de la Constitución estadounidense). Lo hicieron para dar cumplimiento a similares profecías que todas ellas habían captado. La profecía que compartieron vislumbró estos tiempos tumultuosos en los que vivimos ahora. También le manifestó a cada una de ellas que debían reunirse para dirigirse al mundo con una voz unificada que expresara su sabiduría anciana y sagrada hacia este nuevo milenio.
“Debemos hacer lo que se nos pidió que hagamos”, expresó Flordemayo, anciana curandera maya. En Phoenicia, se unió con las Abuelas un grupo de siete mujeres mayores occidentales, entre ellas Gloria Steinem, Alice Walker, Carol Moseley Braun y Helena Norberg-Hodge. Reunido este grupo de Gente Mayor compartieron ideas e introspecciones, cantos y danzas, plegarias e invocaciones, cuentos míticos y relatos personales, y chistes de índole variada. Reflexionaron sobre asuntos de la vida y la muerte que nuestro desbordado materialismo nos está forzando a enfrentar: degradación ambiental, peligroso cambio climático, guerra, terrorismo, y proliferación nuclear. Las participantes exploraron maneras para mudar la conciencia humana a fin de ser capaces de salvar a la Madre Tierra. Todas coincidieron en que sin este cambio de conciencia, sin hallar una nueva manera de ver y ser que resuene con las antiguas y probadas tradiciones y prácticas terrenas de nuestros pueblos indígenas, no sobreviviremos. Todas asumieron que estamos retrasados en llegar allí. Pero que no es demasiado tarde. Con 140 horas de testimonios filmados preparan una película.
El terreno mundial está fértil ahora, listo para recibir el mensaje de estas Abuelas. Su movimiento activo se desarrolla centrado en una poderosa y universal espiritualidad basada en la reverencia hacia la Madre Tierra, una percepción de la sacralidad y la interdependencia de todo lo viviente, y un respeto mutuo sin fronteras.
            Recordemos que la diferencia entre religión y espiritualidad es una forma, una organización que sostiene el valor y el espíritu. Entretanto, la espiritualidad es una energía autónoma, ilimitada, que no tiene propietarios. El geo-teólogo Thomas Berry nos enseña que todo ser humano posee dos dimensiones: la universal y la individual. El Gran Ser y el pequeño ser. Destaca que por eso nos exaltamos cuando estamos en medio de los árboles, escuchamos himnos sagrados, vemos los colores de las flores o del cielo al atardecer, o cuando observamos el fluir de un río. La fuente de inspiración es un encuentro con el Gran Ser, la dimensión donde experimentamos la realización. La consumación de haber nacido para ser y estar en el universo. Sin ella somos entes incompletos. Y para eso no precisamos ser iroqueses: dentro de nuestras tradiciones también existe la percepción de que no es imposible sobrevivir sin el Gran Ser. Por eso, nuestra tarea como humanos es “ser parte del gran himno de alabanza que es la existencia. Esto se llama pensamiento cosmológico. Cuando se participa del misterio sagrado, en ese momento se sabe qué significa ser plenamente humano.”
         La Fundación Espiritual es una celebración de la experiencia cosmológica y de la convivencia terrenal. Somos seres espirituales dedicados a aprender el significado de la humanidad. Bienvenidos quienes así también lo quieran.

Miguel Grinberg
26 Noviembre 2006


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